Tardecitas Acompañadas De Crochet

Tardes de CrochetCuando era una niña, y mi madre entendía que merecía un castigo, me enviaba a pasar la tarde con mi tía y sus amigas.

Era un grupo de mujeres muy mayores para mí, que pasaban las tardes hablando, riendo, merendando… mientras movían sin cesar una aguja de tejer al crochet.

-¿Otra vez aquí por buena, verdad angelito?- Me decía Paca, una vecina, mientras Marijose, la muchacha de mi tía, me ponía una silla a su lado. Hoy merienda especial, Marijose, que ha venido el angelito a pasar la tarde con nosotras. Paca siempre me sentaba a su lado y daba órdenes a Marijose como si estuviera en su casa y no en la de mi tía, que sólo sonreía.

Era lo único bueno de aquellas interminables tardes. Marijose me hacía Leche Frita para merendar.

-¿Niña, no quieres probar una agujita alguna vez? – Me decía Paca mientras las otras se reían a carcajadas sin dar descanso a sus manos.

Me fascinaba observar los vaivenes de las agujas. No entendía cómo podían hacer aquellos malabares sin mirar y hablando sin parar.

Pero para mí, el crochet era parte del castigo. Odiaba el crochet y detestaba las tardes con aquellas señoras mientras mis amigos del barrio gritaban en la calle.

Una tarde de castigo, Paca propuso hacer una colcha para mi ajuar. Para que el angelito se acuerde de nosotras, dijo. A todas les gustó la idea y todas participaron. Fueron tejiendo cuadrado a cuadrado una hermosa colcha blanca.

Yo sólo veía unas piezas pequeñas, como las losetas del suelo, que se acumulaban en una bolsa de tela. Nada de aquello tenía sentido para mí. No entendía como podían pasar las tardes enteras haciendo cuadrados de hilo para algo que nunca iba a pasar. Yo no me quería casar.

Un buen día la bolsa desapareció y ellas siguieron haciendo un jersey para el nuevo nieto, unas cortinas para la cocina… Nadie volvió a hablar de mi colcha y en seguida la olvidé por completo.

Yo seguía yendo a casa de mi tía cuando me castigaban, y poco a poco dejó de ser un castigo. Fuí capaz de aprender crochet. Paca me enseñó a tejer flores. Eran torpes y estaban mal hechas, pero las celebraban como si fueran perfectas. Solo les falta oler, reina, me decían.

Poco después mi familia se mudó y las tardes de crochet con mi tía y sus amigas fueron quedando cada vez más lejos en mi memoria.

Al final sí que me casé. Lloré mi noche de bodas cuando encontré la colcha sobre la cama. Era preciosa. El blanco inmaculado del tejido terminaba, cerca del suelo, en una explosión multicolor de todas las flores posibles.

Encima de la almohada un mensaje de Paca, firmado por todas, decía así:

Reina, no dejes que nadie vuelva a castigarte.

Paca había fallecido hacía tiempo. Su vida había sido triste y su corazón se rompió pronto. Nunca le pude agradecer este tesoro. A las demás sí.

Desde aquí quiero hacerlo. Gracias Paca. Entonces no sabía que el tiempo que para mí era un castigo, para ti era el más feliz del día.

Gracias a todas. Teníais razón. Cuando veo mi colcha siempre os recuerdo. Recuerdo el olor limpio de vuestros perfumes, la leche frita, vuestras manos, las risas…

En esta dirección encontrarás un libro electrónico gratuito de crochet
http://tejidosalcrochet.com/tipgratuitos.html

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8 thoughts on “Tardecitas Acompañadas De Crochet

  1. Edna D. Quiñones on said:

    Todo es muy bonito y estoy seguro que le dare buen uso gracias. Dios los bendiga

  2. fanny bedoya jimenez on said:

    me parece interesantes sus consejos, creo que se sera mas facil aprender con ellos y asi practicarlos, y hacer unos cuantos regalos,

    me gustaria que me enviaran sus consejos a mi correo

    gracias

  3. Elsa Ramírez Cárdenas on said:

    Me encantó la anécdota de Tardecitas Acompañadas de Crochet, una vez más esos momentos nos dejan huella en la vida, ojalá y las nuevas generaciones retomen todas estas prácticas de convivencia diaria ya que cada día se van perdiendo, gracias por compartir esta anécdota tan bella.

    Elsa

  4. Gloria Oñate on said:

    No sabía que me gustara tanto tejer. Mi nieta despertó este interés algo olvidado en mi. Los palillos y el crochet continúan después del trabajo y trasnocho muchas veces, y es que no paro de tejer. Agradezco la gentileza y bondad al compartir. No soy experta tejiendo pero me defiendo muy bien, y es que las manos saben muy bien que hacer, por lo que solo las dejo actuar. Mi nieta tiene un año y medio, por eso busco en la web vestidos y cuanto pueda para tejerle. Les agradezco todo cuanto nos aportan para entregarles amor, a través del tejido, a nuestros seres amados. Gracias por la hermosa historia que nos han comunicado.

  5. Laura Maria Tosi Vega on said:

    Mi aprendizaje del tejido empezo en una mecedora de madera al lado de mi adorada y siempre recordada abuelita, ella planchaba y yo tejia y destejia porque ella era muy estricta y el trabajo debia quedar perfecto., recuerdo que tarde 3 años en terminar el chaleco que me estaba enseñando y aun hoy sigo tejiendo y destejiendo, creo que me hice mas exigente que ella, pero la satisfaccion de un trabajo bien terminado lo compensa, hace unos meses mi tia me envio la mecedora que tantos recuerdos me trae, ahi tejo, recuerdo el tiempo pasado, sonrio, añoro a mi abuelita y espero poder enseñarle a mi nieta el maravilloso arte de tejer..

  6. Lindo relato :;y aunque no lo creas con lo que haces brindar sus conocimientoa a los demas ya le estas haciendo un gran reconocimiento y homenaje.. a la señora paca ydemas amigas.. gracias por lo que hacen ..que dios les de salud para que puedan seguirnos ayudando..gracias mil…

  7. LIGIA MUÑOZ on said:

    HERMOSA HISTORIA, DULCE Y TIERNA, GRAN LECCIÓN DE VIDA. GRACIAS POR COMPARTIRLA. Y GRACIAS A TODAS LAS PACAS QUE DEJAN UNA HUELLA PROFUNDA EN NOSOTRAS, PARA BIEN.
    ¡ARRIBA EL CROCHET!

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